BEKKER Baltasar, Teologo

BEKKER (Baltasar) Doctor en Teología y ministro en Amsterdam., nacido en 1634.
jEste Baltasar Bekker, dice Voltaire, era muy buen hombre, gran enemigo del infierno eterno y del diablo; metió mucho ruido en su tiempo por su gran libro titulado El mundo encamado. El diablo tenía entonces gran cré­dito entre los teólogos de todas especies, a pesar de Bayle y los buenos talentos que em­pezaban a ilustrar el mundo. La brujería, las posesiones y todo lo adherente a ellas estaban en voga por toda la Europa, y tenían común­mente funestas consecuencias.
“En todos los tribunales resonaban senten­cias contra brujos, y tantos horrores determi­naron al buen Bekker a combatir al diablo.
“Se ha dicho, en verso y. prosa, que hacía muy mal en atacarle, respecto de que eran muy parecidos, por ser Bekker horriblemente feo; nada le contuvo; empezó negando absoluta­mente el poder de Satanás, y se enardeció hasta el extremo de sostener que no existía, porque si hubiese algún diablo, decía, se ven­garía de la guerra que le hago. Ello es que otros ministros, sus cohermanos, tomaron el partido de Satanás y depusieron a Bekker.”
Había ya sufrido muchos chismes por sus antecedentes obras. En uno de sus catecismos, Los platos de cuaresma (1), reducía las penas del infierno a la desesperación de los conde­nados, cuya duración limitaba, insinuando que la eternidad de los suplicios es contraria a la bondad de Dios. Acusósele.de socinianismo y cartesianismo porque en otro libro sostenía que la filosofía de Descartes podía aliarse con la teología; su catecismo fue condenado por un sínodo.
El autor fue a establecerse en Amsterdam donde, con ocasión del cometa de 1680, pu­blicó unas observaciones sobre los cometas, impresas en alemán, en 8.°, en Lewarde, el año de 1683. Esforzábase en ellas a probar que estos meteoros nunca presagian desgra­cias, y combate las ideas supersticiosas que el pueblo da a su aparición; esta obra fue re­cibida sin oposición alguna; pero no le acon­teció lo mismo con su famoso libro de Betooverde welt (el mundo embrujado), impreso muchas veces en alemán y traducido al fran­cés bajo el título de “Le monde enchante\impreso en Asterdam el año de 1694, llevan­do el retrato del autor.
El autor en esta obra, que le hizo perder su plaza de ministro en Amsterdam, procura probar que no ha habido jamás ni posesos ni brujas; que los diablos no se mezclan en los asuntos de los hombres, y nada pueden sobre ellos, y que cuanto se ha dicho de los espí­ritus malignos sólo es superstición, etc. Las ideas filosóficas de que está llena esta obra, no le salvaron del odio de sus enemigos. Trá­tesele de saduceo, y le atacaron tan enérgica­mente que en una defensa de sus opiniones creyó deber admitir la existencia del diablo, pero añadió que le creía encadenado en los infiernos y fuera de estado de dañar.
No era, sin embargo, necesario perseguir tan seriamente un libro al que sólo su proli­jidad debía hacer ilegible. “Es muy verosímil, dice Voltaire, que sólo se le condenó por des­pecho de haber perdido el tiempo leyéndolo, y estoy persuadido, añade, que si el mismo diablo se hubiese visto precisado a leer El mundo embrujado de Bekker, no le habría po­dido perdonar jamás el haberle tan prodigio­samente fastidiado.”
En el libro primero, o tomo primero, pues tiene cuatrocientas páginas, el autor examina las ideas que los pueblos han tenido en todos tiempos y tienen aún en el día respecto a Dios y los espíritus; habla de las adivinaciones, del arte mágico, ejercido entre todas las naciones; de los maniqueos y de las ilusiones del dia­blo; y como lo advierte Voltaire entra en ma­teria en el segundo tomo, el cual, o libro se­gundo, tiene 733 enormes páginas. El autor trata del poder de los espíritus, de su influen­cia, de los efectos de que son capaces; hace ver que no hay ninguna razón para hacer creer que existan demonios o ángeles, quedando sin embargo algo embarazado con los ángeles de Abraham y de Loth: dice que la serpiente, que tentó a nuestros primeros padres, no era un diablo, sino una verdadera serpiente, pues es muy difícil de comprender la seducción por el diablo, y que el tentador era verdaderamen­te serpiente, puesto que toda su especie, desde la caída de Adán, se ve condenada a ir siem­pre arrastrando; sostiene que la tentación de nuestro Señor, por el diablo, explicada razo-nalmente, nada prueba; al mismo tiempo se burla, pero siempre como cristiano, del com­bate del diablo con san Miguel, y prueba que ni Job ni san Pablo han sido atormentados corporalmente por el diablo; muestra que los posesos son enfermos; que el lunático de que el evangelio hace mención no tenía ni luna ni diablo en el cuerpo; que el diablo no se ha mostrado jamás a nadie, y que Jesús, nuestro Señor, hablando de los demonios, se acomo­daba a las ideas de los judíos, a saber: que los verdaderos diablos son los hombres malos, etcétera.
En el tercer volumen Bekker demuestra, con el mismo estilo prolijo, que el comercio con el diablo y los pactos con los brujos no son más que sueños; repara que en los libros santos no se hace siquiera mención de actos de so­ciedad con el diablo; que nada se ve, en la Biblia, que atribuya a los espíritus el don de adivinar; dice que los adivinos de la an­tigüedad eran unos imbéciles, sin talento y sin poder; con la misma caballerosidad trata a los brujos de Faraón y dice ser sólo char­latanismo los discursos de la encantadora de Eudor. En el cuarto tomo se burla de los que creen en la magia y de los jueces que conde­nan a los brujos. Además la obra de Bekker es muy sabia, y si fuese menos larga y fati­gosa todavía sería útil y agradable.
(1) Publicó dos catecismos en holandés: “Los platos de cuaresma” y “El pan cortado”.

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